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[Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado lasirregularidades en puntuación, acentuación y ortografía del libro original.]
(Historia de las buenas andanzas y fortunas de
Martín Zalacaín el Aventurero)
Una muralla de piedra, negruzca y alta rodea a Urbia. Esta muralla siguea lo largo del camino real, limita el pueblo por el Norte y al llegar alrío se tuerce, tropieza con la iglesia, a la que coge, dejando parte delábside fuera de su recinto, y después escala una altura y envuelve laciudad por el Sur.
Hay todavía, en los fosos, terrenos encharcados con hierbajos yespadañas, poternas llenas de hierros, garitas desmochadas, escalerillasmusgosas, y alrededor, en los glacis, altas y románticas arboledas,malezas y boscajes y verdes praderas salpicadas de florecillas. Cerca,en la aguda colina a cuyo pie se sienta el pueblo, un castillo sombríose oculta entre gigantescos olmos.
Desde el camino real, Urbia aparece como una agrupación de casasdecrépitas, leprosas, inclinadas, con balcones corridos de madera ymiradores que asoman por encima de la negra pared de piedra que lascircunda.
Tiene Urbia una barriada vieja y otra nueva. La barriada vieja, lacalle, como se le llama por antonomasia en vascuence, está formada,principalmente, por dos callejuelas estrechas, sinuosas y en cuesta quese unen en la plaza.
El pueblo viejo, desde la carretera, traza una línea quebrada de tejadostorcidos y mugrientos, que va descendiendo desde el Castillo hasta elrío. Las casas, encaramadas en la cintura de piedra de la ciudad, parecea primera vista que se encuentran en una posición estrecha é incómoda,pero no es así, sino todo lo contrario, porque, entre el pie de lascasas y los muros fortificados, existe un gran espacio ocupado por unaserie de magníficas huertas. Tales huertas, protegidas de los vientosfríos, son excelentes. En ellas se pueden cultivar plantas de zonacálida como naranjos y limoneros.
La muralla, por la parte interior que da a las huertas, tiene un caminoformado por grandes losas, especie de acera de un metro de ancho con subarandado de hierro.
En los intersticios de estas losas viejas, y desgastadas por laslluvias, crecen la venenosa cicuta y el beleño; junto a las paredesbrillan, en la primavera, las flores amarillentas del diente del león ydel verbasco, los gladiolos de hermoso color carmesí y las digitalespurpúreas. Otros muchos hierbajos, mezclados con ortigas y amapolas, seextienden por la muralla y adornan con su verdura y con susconstelaciones de flores pequeñas y simples las almenas, las aspillerasy los matacanes.
Durante el invierno, en las horas de sol, algunos viejos de la vecindad,con traje de casa y zapatillas, pasean por la cornisa, y al llegar Marzoo Abril contemplan los progresos de los hermosos perales y melocotonerosde las huertas.
Observan también, disimuladamente, por las aspilleras, si viene algúncoche o carro al pueblo, si hay novedades en las casas de la barriadanueva, no sin cierta hostilidad, porque todos los habitantes delinterior sient