VICENTE BLASCO IBAÑEZ


ARROZ Y TARTANA


PLAZA & JANES, S. A. EDITORES

Portada de C. SANROMA

Primera edición: Enero, 1978

Editado por PLAZA & JANES, S. A., Editores

Virgen de Guadalupe, 21-33. Esplugas de Llobregat (Barcelona)

Printed in Spain--Impreso en España

ISBN: 84-01-480124

GRÁFICAS GUADA, S, A.--Virgen de Guadalupe, 33

Esplugas de Llobregat (Barcelona)


Capítulos:


I

A las tres de la tarde entró doña Manuela en la plaza del Mercado,envuelto el airoso busto en un abrigo cuyos faldones casi llegaban alborde de la falda, cuidadosamente enguantada, con el limosnero al puño yvelado el rostro por la tenue blonda de la mantilla.

Tras ella, formando una pareja silenciosa, marchaban el cochero y lacriada: un mocetón de rostro carrilludo y afeitado que respiraba brutaljocosidad, luciendo con tanta satisfacción como embarazo los pesadosborceguíes, el terno azul con vivos rojos y botones dorados y la gorrade hule de ancho plato, y a su lado una muchacha morena y guapota, conpeinado de rodete y agujas de perlas, completando este tocado de lahuerta su traje mixto, en el que se mezclaban los adornos de la ciudadcon los del campo.

El cochero, con una enorme cesta en la mano y una espuerta no menor a laespalda, tenía la expresión resignada y pacienzuda de la bestia quepresiente la carga. La muchacha también llevaba una cesta de blancomimbre, cuyas tapas movíanse al compás de la marcha, haciendo que elinterior sonase a hueco; pero no se preocupaba de ella, atentaúnicamente a mirar con ceño a los transeúntes demasiado curiosos o apasear ojeadas hurañas de la señora al cochero o viceversa. Cuando,doblando la esquina, entraron los tres en la plaza del Mercado, doñaManuela se detuvo como desorientada.

¡Gran Dios...! ¡cuánta gente! Valencia entera estaba allí. Todos losaños ocurría lo mismo en el día de Nochebuena. Aquel mercadoextraordinario, que se prolongaba hasta bien entrada la noche, resultabauna festividad ruidosa, la explosión de alegría y bullicio de un puebloque entre montones de alimentos y aspirando el tufillo de las mil cosasque satisfacen la voracidad humana, regocijábase al pensar en losatracones del día siguiente. En aquella plaza larga, ligeramentearqueada y estrecha en sus extremos, como un intestino hinchado,amontonábanse las nubes de alimentos que habían de desparramarse comonutritiva lluvia sobre las mesas, satisfaciendo la gigantesca gula de laNavidad, fiesta gastronómica, que es como el estómago del año.

Doña Manuela permaneció inmóvil algunos minutos en la bocacalle. Parecíamareada y confusa por el ruidoso oleaje de la multitud; pero enrealidad, lo que más la turbaba eran los pensamientos que acudían a sumemoria. Conocía bien la plaza; había pasado en ella una parte de sujuventud, y cuando de tarde en tarde iba al Mercado por ser víspera defestividad en que se encendían todos los hornillos de su cocina,experimentaba la impresión del que tras un largo viaje por paísesextraños vuelve a su verdadera patria.

¡Có

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